La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 1073 Yo soy el Gobernador de tu espíritu y na- die será nunca capaz de hacerte temblar. Nuestra dulce conversación contigo conti- nuará, haciendo brotar grandes manantiales en tu corazón, y juntos, amadísima Mía, es- parciremos Mi delicada fragancia alrededor del mundo, perfumando nación tras nación. Entonces se podrá decir: “El invierno ha pa- sado, las lluvias han cesado y se han ido, las flores aparecen sobre la tierra”. ¿Ves? Por eso te guardo Yo en Mi Corazón, donde puedes recibir deMí consoladoras caricias. Pero ¡es- pera y verás cuánto más serás consolada en el cielo, en Mi Reino, por cada agresión co- metida contra ti! Todo está medido... En la Cámara Real deMi Corazón, Mi nardo conti- nuará esparciendo su perfume en tu corazón, y el aire amargo que habías inhalado de tus acusadores se evaporará rápidamente, dán- dote sosiego y paz de espíritu. Así consola- da por los perfumes aromáticos, nunca te irás deMi Corazón Real, jamás... Más que nunca, te unirás a Mí, al verdadero Dios. Dime ahora, ¿dónde descansarás a medio- día? Descansaré en la Cámara de Oro de Tu Corazón. Dime, hazme saber, amadísimaMía, ¿dónde descansarás por la noche? Descansaré en la Cámara de Oro de Tu Corazón Real... ¿Y dónde descansarás el resto de tu vida? Tomaré mi descanso en la Cámara de Oro de Tu Corazón Real. Señor, Padre, Esposo y Amante de la humanidad, plantaré mis raíces en Tu Corazón. Seguiré las huellas de Tu Corazón Real, donde uno se olvida de sí mismo en Tu contemplación... ¡Señor! Tu Amor es una Liturgia para la humanidad. Soberano Dueño y Señor, en Tu Misericordia has tenido a bien envolverme en Tu radiante Luz, disipando no sólo las tinieblas, sino también el vicio. ¡Dios Todopoderoso, Tú que sostienes el universo en la palma de Tu Mano, no sólo me siento maravillada, sino totalmente vencida cuando Te adaptas, sin ninguna incongruencia, a mí y a mi vida! En vez de rechazarme, en Tu Amorosa Gentileza cubres mi alma de regalos nupciales, destilados de las reservas del Cielo. Luego, en Tu Amor exuberante, Te unes a mí, en un matrimonio espiritual Divino, haciéndome experimentar el sabor de Tus Besos, que sobrepasa la fragancia de la mirra y del incienso, y de todos los perfumes aromáticos. Mi alma, así en Tu Abrazo, dice a cada uno: “Tú también puedes obtener las mismas gracias y los mismos dones inmerecidos, si decides pasar una vida en Dios. Sentada también en Su Regazo, adherida a Su Corazón Real, agarrada a Sus Vestidos perfumados, mientras se deleita en Su Abrazo, en profunda meditación, y perdida en la contemplación de Su inefable Belleza... ...tu alma se saciará de Su Beatitud, transcendiendo toda delicia, toda dulzura, toda gloria.” Por Su favor se me ha permitido Cuaderno 108
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