La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 1057 ¡Ay del corazón indiferente, que no tiene fe!, pues tal corazón no tendrá protección en Mi Día.Y, ¡ay de ti que has perdido la volun- tad de perseverar en la virtud y la rectitud! ¿Qué harás en la visitación del Señor? ¿Qué tendrás que decir en el Día del Señor? ¿Po- drás soportar la prueba del Fuego? Ahora estás encadenado en cuerpo y alma a estemundo. Satanás, en su furor, no te suel- ta, sino que te mantiene prisionero en sus mazmorras, para impedir que tú, que has per- dido la gracia, te arrepientas. Envuelto por su velo, te has convertido en su juguete. Tu arrepentimiento romperá tus cadenas y ex- pulsará hordas de espíritus malignos que anidan en ti, mientras algunos planean ame- nazadores sobre tu alma tan deplorable. En tu miseria, te falta voluntad y fuerza para vencer a tu enemigo y quitarte los grilletes de carne que te atan a este mundo. Hoy, en estos tiempos de Misericordia,Yo te ofrezco la gracia como un don y como una senda gratificadora que conduce hasta Mí. –Te ofrezco llevarte sobre Mis hombros durante tu convalecencia. –Te ofrezco paz y descanso, pues Conmi- go no tendrás que trabajar ni fatigarte. –Te ofrezco Mis Ángeles, que vendarán tus heridas con inefable ternura, heridas in- fligidas a tu alma por las pasiones de este mundo. Ellos te ayudarán en tu rehabilita- ción, devolviéndote a la vida, regenerando tu incapacitada alma para una nueva vida en Mí. –Te ofrezco un lugar enMi Corazón, don- de florecerás con un abismo de conocimien- tos de la Sabiduría. Te colmaré de inestima- bles dones, como un esposo colma a su esposa que ha cautivado su corazón. Y te ex- presaré Mi Amor, esposa Mía, mientras te rodeo con Mis Brazos, cantándote las Odas de Mi creación, y de cómo tú llegaste a ser. Te desvelaré los misterios anteriores a que la tierra llegara a existir, antes de que la natura- leza llegara a nacer.Ymientras cortejo tu alma, proclamarás a la Sabiduría: “¡Hermanamía!”. Sí,Yo te liberaré como a un pájaro de la tram- pa, te soltaré como a una gacela del cepo, si estuvieses dispuesto a volverte hacia Mí, re- conociéndome en tu arrepentimiento. –Te ofrezco baladas compuesta por Mí, y la gracia especial de estar en Mi Presencia, sólo tú yYo. –Ofrezco a tu alma estar siempre jugando Conmigo.YYo, como un Padre que contem- pla con deleite el desarrollo de su hijo y su crecimiento, vigilaré, como un águila,Mi Rei- no que se está formando en ti. –Te ofrezco lo que llamas inaccesible e in- alcanzable, y queYo solo puedo ofrecer, algo que está suspendido lejos y fuera del alcan- ce humano. Una senda no hollada por los orgullosos de corazón, una senda por donde nunca caminó ningún filósofo. Ningún oro, ningún cristal pueden jamás igualar en valor lo que Yo ofrezco. Tampoco se puede com- prar con ninguna cantidad de oro macizo, ni se puede pagar con ningún peso de plata, ni se puede tasar por el patrón del oromás puro, o de ónices preciosos o zafiros, pues la San- ta Sabiduría no se puede valorar. Yo solo La poseo y La ofrezco a quien quiero. Invisible al ojo de la humanidad, y sin embar- go gloriosa en Su brillantez,Yo te ofreceré la Santa Sabiduría si esquivas el pecado y hu- yes del mal, arrepintiéndote y reflexionando sobre lo que era falso. Y si preguntas: “Dime, Padre, dime, ¿de dónde procede la Santa Sa- biduría? ¿Dónde se puede encontrar el en- tendimiento, puesto que está fuera del cono- cimiento de todo ser vivienre, oculto a toda la creación?”. Yo te responderé, hijo Mío: “¿La Sabiduría? Es el temor del Señor. ¿El entendimiento? Es evitar el mal.”Yo ofrezco la Sabiduría a todos; pondrán fin a la oscuri- dad –ya que la Sabiduría se deleita en sacar a la luz del día los secretos que estaban ocul- tos–mientras contemplan las bellezas invisi- bles que ahora son visibles a la gloriosa Luz de la Sabiduría. Encontrad, por lo tanto, alegría enMí, pues Mis principios son nobles y puros, y gobier- no conmansedumbre y ternura. Envuelvo de gracia a los que se arrepienten. Me repugna toda malicia y corrupción, pero Mi Espíritu libera a todos los que admiten su pecado, Cuaderno 107

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