La Verdadera Vida en Dios

LaVerdaderaVida en Dios 1044 Cuaderno 105 conducido a caminar enMi Luz. ¡No necesi- tas ser un artista o un filósofo para compren- der todo esto! Mi amiga favorita y árbol fra- gante, Yo te he dado una buena porción, de sabor excepcional. Era indispensable para tu progreso... Ahora, escúchame y escribe es- tas palabras: Establece Nuestras “Beth Myriams” 1 en todos los lugares que puedas. Levanta a los oprimidos y ayuda a los huérfanos. Protége- me, rescátame de la cuneta, dame abrigo y alimento; alíviame de Mi carga y Mi fatiga, dame apoyo y ánimo, pero sobre todo áma- me. Todo lo que hagas al menor de Mis her- manos Me lo haces a Mí... Bendigo a los que sostienen Mi vida; que permanezcan virtuosos y llenos de amor. Yo estoy contigo... IC. 1 de junio de 2002 Fuiste Tú, Padre Bienamado, quien creó mi más profundo yo... YYo he dicho: bendeciré su más profundo yo con riquezas que vienen de Mí. Entonces seré como una lámpara para Mi ungida, pro- porcionando a su más profundo yo Nuestra radiante Presencia. “Aquí Mi Hijo yYo per- maneceremos para siempre, pues éste es el hogar donde hemos elegido morar”. ¡Oh, ven! Tú queMe sirves, que sirves Mi Casa, acércate aMí y deléitame.Ven y apren- de: está escrito que si pecas, sigues siendo Mío, puesto que reconoces Mi poder, pero, sabiendo que Yo te reconozco verdadera- mente como Mío, no pecarás. Por lo tanto, reconocerme es en verdad la perfecta virtud. Conocer Mi poder es la raíz de la inmortali- dad. Deseo que esta palabra se convierta en el tema de cada uno. Vassula Mía, Yo he sido tu Consejero y también tuAmigo todos estos años; incluso durante la noche, he instruido a tu yo más profundo, concediendo a tu alma una alegría sin límites con Mi Presencia.Te he adiestra- do con un amor sin límites para que levantes tus ojos constantemente hacia Mi Presencia luminosa, y hacia nadie más. Soy, y siempre he sido, tu único Director Espiritual y Conse- jero, dando a tu alma las directrices de la Sa- biduría. No te he enviado hacia el este o ha- cia el oeste, ni te he enviado al norte o al sur en busca de dirección espiritual, pues ¿qué mejor dirección que la queYoMismo te doy? Soy el único que podía ver a través de la som- bría oscuridad de tu alma, para pronunciar un veredicto veraz sobre tu yo más profundo y llamar tu atención sobre tu enfermedad. Bien, pues, ¿no te he hecho renunciar a tu rebeldía hacia Mí? ¿No te he trazado una senda para que la emprendas, con Mi Nombre como tu insignia, y que sigas Mis Pasos para no des- viarte en tu camino? Sí, Señor, he tratado de guardar cada mandamiento de Tus Labios. Está escrito que hay un Río cuyas corrientes refrescan la Ciudad de Dios, y que santifica la morada del Altísimo. Dios está dentro de la ciudad: ésta no puede caer jamás. Al romper el alba, Dios la ayuda. Ante el clamor de las naciones y el tambalearse de los reinos, cuando Él grita, el mundo se desintegra... 2 Tú Santo Espíritu es ese Río que santifica constantemente el alma, nuestro yo más profundo, que Te pertenece, Dios mío... Abro mi oído y permanezco un rato en silencio para que venga el Gran Rey con poder, y me dé benignamente Sus divinas instrucciones; instrucciones que no imponen desorden en Tu Ley. Así pues, que se regocije la tierra, que los pueblos de la tierra 2 Sal 46,4-6. 1 “Casas de María”.

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