La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 1039 que no parecen penetrar en Tu palabra y permanecen indiferentes. ¿Está Tu atleta dando vueltas sin sentido? Mis labios están ansiosos de proclamar Tu rectitud, Tus maravillas, y esperaba reci- bir una respuesta favorable que Te conso- lara, sacándote de Getsemaní y permitién- dote respirar un poco de aire fresco, en vez del aire amargo y angustioso de Getsemaní. Aveces siento que Tu atleta Te está fallan- do y que gran cantidad de esfuerzo atlético resulta en vano. Trabajo y me empleo a fon- do para obedecer Tu Mandato de reavivar, embellecer y unir la Iglesia, reconstruyendo la estructura de la Iglesia por el poder del Espíritu Santo. Trato de seguir fielmente el Mandato que me has dado, pero parece que, tras mucho sudor y con mucha lucha, ha- biendo remodelado parte de un muro de la estructura, mira quiénes vienen trotando: los opresores. Los opresores aparecen de noche para demoler de un solo golpe el muro recién construido. Tras enarbolar todos sus emblemas para demostrar su autoridad, se deslizan como serpientes y hacen su traba- jo. Todo el sudor y la sangre derramados du- rante todos estos años, ¿han sido en vano? Si los demonios no han elegido a ciertos hombres para llevar a cabo, por medio de ellos, su perverso daño, entonces ¿quién es el que dicta a estas personas esos atroces crímenes y esas frenéticas y diabólicas ac- ciones? Dime, Señor y Soberano, ¿he cumplido Tus demandas? ¿He realizado siquiera al- guna estructura visible, digna de honor, para Ti?¿Están quizás mis ojos deteniéndo- se sobre necedades?¿Ha visto la unidad algo de luz o progresado una o dos pulga- das? Con todas las gracias que he recibi- do, ¿he hecho realmente algo para hon- rarte?¿O estoy dando vueltas en redondo? Tú dotaste mi espíritu con un don profético, ¿qué Te he dado a cambio, mi Señor, por todo aquello con lo que me has adornado por Tu amor exuberante? ¿De qué modo he sido negligente? Tú, que has elevado al trono a reyes, es sabido que, si se vuelven orgullosos por su inacabable dominio, les trabas entonces con cadenas, atándolos a la servidumbre de la angustia. Soy testigo y puedo dar testimonio de que he visto y contemplado caer a grandes hom- bres, cuando no te escucharon. Tu justicia divina cayó sobre ellos como un rayo, des- truyéndoles junto con su orgullo. Sin em- bargo, Tu Misericordia no dejó de mostrar- les varias veces todo lo que habían hecho y todos los pecados de orgullo que estaban cometiendo. Los primeros días tuve que sufrir para aprender a no extraviarme de Ti. Más tarde sufrí aún, viendo cómo Te ofendían los arro- gantes. Hoy día sigo sufriendo al contem- plar tanta indiferencia hacia Tu Llamada Misericordiosa. El sufrimiento se ha conver- tido en mi pan de cada día. Yo te he dado la Fuente 1 de la profecía y, gra- cias a Sus enseñanzas y Sus buenos conse- jos, tú Me has dado tu corazón y tu volun- tad. Estas dos cosas Me bastan. En cuanto a tus fallos y tus carencias,Yo he llenado don- de te faltaba, y el amor exuberante que te ten- go Me ha obligado a cuidar Yo Mismo de aquello en lo que túMe habías fallado. EnMi paternal Misericordia, he considerado todas tus negligencias como un padre considera- ría las negligencias de su propio hijo peque- ño: con compasión y siempre dispuesto a ayudarte con ternura, susurrando suaves palabras de amor para que no te alejaras asus- tada, mientras temostraba una vezmás cuán- toMe preocupo de ti y de tu propio progreso. En cuanto a las aflicciones que sufres por causa deMi Iglesia y por Mi Causa, hermana Mía, Mi catedral, no desesperes. Con una sola de Mis miradas he reconstruido lo que había caído. Una vez te mostré Mi Cáliz y te hice señas para que Me siguieras, a fin de revestirte con Mi Túnica, ceñirte con Mi re- velación, y encomendarte Mi Palabra. ¡Oh, deleite del Padre, que estabas a pun- to de ser arrojada a los valles, los mares y las montañas! Creada para este fin, para pisar al 1 El Espíritu Santo. Cuaderno 104
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