La Verdadera Vida en Dios
LaVerdaderaVida en Dios 103 está diciendo, que está escribiendo, y yo sigo aquí sentada, paralizada. Siento que no estoy haciendo lo que Él quiere, puesto que nada está cambiando. Pero ¿cómo pue- de cambiar si, en realidad, nadie sabe mu- cho sobre esto? Siento que Le estoy des- agradando, desobedeciendo, no haciendo lo que Él más desea.) ¿Jesús? Más de cien personas tienen copias de estas revelaciones, ¡pero no es suficien- te! Yo soy.Vive en paz.Yo restauraréMi Iglesia. Permíteme solamente,Vassula, imprimirMis palabras en ti.Te amo. Glorifícame amándo- me. Unir a Mi Iglesia es obra Mía, tú serás sóloMi mensajera, ¿entiendes la diferencia? 1 Aunque diga: “Reanima o une a Mi Iglesia, Vassula”, nunca está dirigido directamente a ti.Ya aprenderás, ¿no has aprendido parte de Mis Obras conmigo? Sí, Señor. Espera y verás 2 ... Tengo una pregunta que hacerte: ¿Por qué no has venido ahora a Mí, buscando consue- lo? Sí, exactamente, sí. (En un relámpago de unos segundos, Jesús me dio una visión que representaba toda una historia, como una parábola. Se trata- ba de una madre y un hijo. La madre vuelve a encontrar a su hijo que había perdido hacía varios años y tiene una inmensa ale- gría. Trata de volver a enseñar al niño a acudir a ella cada vez que la necesite, pues- to que ella le quiere y es su hijo. Pero al niño le cuesta mucho readaptarse a alguien que le dice que es su madre y que se preocupa por él. Está acostumbrado a tragarse solo sus miserias, no habiendo tenido a nadie a quien acudir. Y continúa olvidándose de que la madre es la única que podría ayu- darle y consolarle. La visión era la de un niño muy pequeño, hundido de nuevo en la miseria, que ronda- ba quejumbroso por la casa, ignorando a su madre. La madre, que ve a su hijo en ese estado, está muy apenada de verle tan des- graciado y sin querer venir a echarse en sus brazos y demostrarle que necesita su cari- ño. El corazón de esa madre está hecho tri- zas porque ¡podría hacer tanto por su hijo si se confiara a ella...! El niño soy yo; lamadre, Jesús. Y todo esto porque me parecía que no estaba avanzan- do nada, con el mensaje sobre mis espaldas y sin poder hacer gran cosa. Decidí irme a dormir –esto ocurría por la tarde– para olvi- dar. Pensaba en Jesús, perome sentía dema- siado triste para mirarle a la cara siquiera.) Bienamada, ¡Yo soy tu Consolador! Apoya tu cabeza enMí, permíteme acariciarte ymiti- gar tu dolor, permíteme susurrarte al oídoMis palabras.Tengo un sitio para ti dentro de Mi Corazón, no pierdas tiempo en cualquier otro lugar, ven ahora a tu sitio 3 . No me siento capaz... Yo te levantaré y te colocaré allí dentro. 7 de julio de 1987 (Suiza) Vassula, te vas a enfrentar a duras pruebas 4 , no olvides Mi Presencia,Yo estoy junto a ti. Creer en Mis Obras Divinas es también una gracia concedida por Mí. Mis Obras apare- cen a vuestros ojos como carentes de orto- doxia, pero Yo soy Dios y ¿con quién Me podríais comparar? ¿A qué podríais compa- rar Mis Obras? 1 Me tomó tiempo entenderlo, hasta el 29 de agosto de 1998, mientras releía este mensaje. 2 Hubo una larga pausa. Me tuvo con la mano quieta enci- ma del papel, sin pronunciar palabra, hasta que dijo: “Ten- go una pregunta que hacerte”. 3 Dijo esto con una ternura tal como sólo Dios puede hacer- lo… 4 El Señor me está preparando para mi apostolado. Cuaderno 13
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